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martes, 17 de marzo de 2020
domingo, 18 de noviembre de 2018
viernes, 20 de abril de 2018
Teoría de los signos, de Ch. Peirce
Para leer el ppt sobre la teoría de los signos de Peirce, enlazar aquí
lunes, 5 de febrero de 2018
jueves, 12 de mayo de 2016
Concepto de texto y de discurso. F, de Toro
Para leer el concepto de texto y discurso en semiótica del teatro, de F. De Toro, enlazar aquí.
domingo, 24 de mayo de 2015
"La semiótica como teoría lingüística", de M.C. Bobes Naves
Para leer La semiótica como teoría lingüística, enlazar aquí
sábado, 16 de mayo de 2015
martes, 23 de septiembre de 2014
lunes, 15 de septiembre de 2014
"Semiótica y filosofía del lenguaje", de U. Eco
Para leer "Semiótica y filosofía del lenguiaje", enlazar aquí
domingo, 31 de agosto de 2014
sábado, 30 de agosto de 2014
"La semiología", de varios autores
Para leer "La semiología", con artículos de Barthes, Todorov, Brémond, Metz, enlazar aquí
martes, 1 de abril de 2014
"El lenguaje, ese desconocido", de J. Kristeva
Para leer El lenguaje ese desconocido, enlazar aquí
Etiquetas:
El lenguaje. ese desconocido,
escritura. cine,
fonética,
fonología,
Kristeva,
Lingüística,
semiótica,
semiótica del cine,
signo,
signo lingüístico
sábado, 11 de abril de 2009
"ESTÍLÍSTICA, POÉTICA Y SEMIÓTICA LITERARIA", de A. YLLERA (síntesis de cada capítulo del ensayo)
YLLERA, Alicia (1979), Estilística, poética y semiótica literaria. Madrid: Alianza.
En este libro, Alicia Yllera hace un amplio recorrido por los términos Estilística, Poética y Semiótica poética, en el que los define, amplía y comenta, añadiendo conocimientos de otros autores. A su vez, realiza una síntesis sobre algunos problemas que puedan surgir, tales como la noción de estilo, el concepto de obra literaria, etc.; para terminar con una extensa conclusión.
Capítulo 1
LA ESTILÍSTICA:
ESTUDIO DEL LENGUAJE AFECTIVO Y/O LITERARIO
Un término ambiguo. El estudio de los autores, forma particular del arte del lenguaje, fue asumido, desde la antigüedad hasta el siglo XIX, por gramáticos o filósofos, teóricos o pensadores sobre el lenguaje. La creciente especialización supuso la diversificación de la crítica literaria y los estudios del lenguaje hasta que los progresos de la lingüística, la aparición de su vertiente sincrónica, proporcionaron un nuevo instrumento de análisis de la obra y/o del lenguaje literario.
El término estilística existía anteriormente, y de hecho, sus primeros balbuceos se produjeron fuera del dominio de las letras. La ambigüedad de su contenido, en parte debida a la tradicional imprecisión del término “estilo”, desconcertaba a muchos autores, que optaron por rebautizar algunas de sus corrientes con los términos de “poética” o “semiótica literaria”.
En este libro, Alicia Yllera hace un amplio recorrido por los términos Estilística, Poética y Semiótica poética, en el que los define, amplía y comenta, añadiendo conocimientos de otros autores. A su vez, realiza una síntesis sobre algunos problemas que puedan surgir, tales como la noción de estilo, el concepto de obra literaria, etc.; para terminar con una extensa conclusión.
Capítulo 1
LA ESTILÍSTICA:
ESTUDIO DEL LENGUAJE AFECTIVO Y/O LITERARIO
Un término ambiguo. El estudio de los autores, forma particular del arte del lenguaje, fue asumido, desde la antigüedad hasta el siglo XIX, por gramáticos o filósofos, teóricos o pensadores sobre el lenguaje. La creciente especialización supuso la diversificación de la crítica literaria y los estudios del lenguaje hasta que los progresos de la lingüística, la aparición de su vertiente sincrónica, proporcionaron un nuevo instrumento de análisis de la obra y/o del lenguaje literario.
El término estilística existía anteriormente, y de hecho, sus primeros balbuceos se produjeron fuera del dominio de las letras. La ambigüedad de su contenido, en parte debida a la tradicional imprecisión del término “estilo”, desconcertaba a muchos autores, que optaron por rebautizar algunas de sus corrientes con los términos de “poética” o “semiótica literaria”.
Estilística gramatical y retórica. El siglo XIX conoció diversos estudios de estilo o estilísticos. Autores alemanes los concibieron como análisis de diversas locuciones particulares, complemento de la gramática. Otros analizaron las diversas figuras de la antigua retórica, reduciendo el término “estilo” a lo que los antiguos llamaron elocutio o incluso al ornatus. Finalmente, diversos estudios de estilo comprendían el análisis del pensamiento, técnica, etc. de un autor particular.
Estilística de la lengua y estilística descriptiva. Charles Bally parte de la dicotomía saussureana entre lengua y habla y entrevé la posibilidad de una triple estilística: general, colectiva o individual. La primera suponía (y supone) unas dificultades insalvables; la tercera atiende al “habla” individual, quedando de este modo excluida del objeto de la lingüística; sólo el segundo aspecto atrajo su atención. Por otra parte, Bruneau y Gressot acudían a la obra literaria como mera fuente de datos.
Estilística histórica e individual. Surgen dos nuevas corrientes estilísticas: la concebida como historia de la cultura, con E. Auerbach, y la idealista, influenciada por Groce, con Vossler y Leo Spitzer. Vossler acude a la doble formulación humboldiana del lenguaje como ergon (producto creado) y energeia (creación). Estudia este segundo aspecto en la lengua hablada, como Bally, y en la lengua literaria. Spitzer parte de la expresión individual del autor, a través del cual se adentra en su mundo mental, prescindiendo de su historicidad.
Leo Spitzer. Spitzer identifica el rasgo de estilo individual con una manifestación personal del autor; ve dos momentos en la explicación literaria. La primera fase, inductiva, reposa sobre la intuición (Erlebnis), que permite captar en una obra uno o varios detalles lingüísticos característicos que le posibiliten entrar en ella y lograr su visión totalizadora. A ello se añade un segundo momento (fase deductiva) en el que, por medio de datos de todo tipo, se busca verificar esta hipótesis.
Su concepción de la estilística parte del postulado de que a toda excitación psíquica que se aparte de los hábitos normales de nuestra mente, corresponde también en el lenguaje un desvío del uso normal; o bien, a la inversa.
Spitzer es el principal representante de la escuela idealista. Su método es el círculo “filológico”. Cree que los usos lingüísticos son un guía fiel y certero hacia “la raíz psicológica, que está en el fondo tanto del impulso lingüístico como de la inspiración literaria” de un autor.
Spitzer fue el primero en intentar seriamente vincular la lingüística a la historia literaria, postulado básico de la estilística moderna.
Dámaso Alonso. Poeta, filólogo y lingüista. “Para cada poeta, para cada poema, es necesaria una vía de penetración distinta”. Esta tarea sólo puede realizarse mediante la intuición.
Si para Spitzer el problema último era el ser del autor manifestado a través de la obra, para Dámaso el problema capital es el “misterio” de la creación poética.
Amado Alonso. Desaparecen las antinomias existentes entre la escuela de Bally y la de Vossler y Spitzer. Existe una doble estilística, una estilística de la lengua y una estilística del habla entre la que es posible establecer un puente.
Leo Spitzer. Spitzer identifica el rasgo de estilo individual con una manifestación personal del autor; ve dos momentos en la explicación literaria. La primera fase, inductiva, reposa sobre la intuición (Erlebnis), que permite captar en una obra uno o varios detalles lingüísticos característicos que le posibiliten entrar en ella y lograr su visión totalizadora. A ello se añade un segundo momento (fase deductiva) en el que, por medio de datos de todo tipo, se busca verificar esta hipótesis.
Su concepción de la estilística parte del postulado de que a toda excitación psíquica que se aparte de los hábitos normales de nuestra mente, corresponde también en el lenguaje un desvío del uso normal; o bien, a la inversa.
Spitzer es el principal representante de la escuela idealista. Su método es el círculo “filológico”. Cree que los usos lingüísticos son un guía fiel y certero hacia “la raíz psicológica, que está en el fondo tanto del impulso lingüístico como de la inspiración literaria” de un autor.
Spitzer fue el primero en intentar seriamente vincular la lingüística a la historia literaria, postulado básico de la estilística moderna.
Dámaso Alonso. Poeta, filólogo y lingüista. “Para cada poeta, para cada poema, es necesaria una vía de penetración distinta”. Esta tarea sólo puede realizarse mediante la intuición.
Si para Spitzer el problema último era el ser del autor manifestado a través de la obra, para Dámaso el problema capital es el “misterio” de la creación poética.
Amado Alonso. Desaparecen las antinomias existentes entre la escuela de Bally y la de Vossler y Spitzer. Existe una doble estilística, una estilística de la lengua y una estilística del habla entre la que es posible establecer un puente.
Estilística estructural y funcional. En los últimos años la ambigüedad del término ha producido una regresión en su empleo. Corrientes que podrían ser consideradas estilísticas se recubren bajo los términos de “estructuralismo”, “formalismo”, etc. y para el estudio “científico” de la literatura se adoptan otros términos.
Nos centraremos sobre la estilística americana de M. Riffaterre, la francesa de P. Guiraud y J. Cohen y la checa de L. Dolezel. No puede hablarse, sin embargo, de unidad de criterios de estos autores. Difiere su concepción del estilo, como unidad de la obra o como peculiaridades, como desvío ora individual ora colectivo, etc. Frente a posiciones más tajantes en los representantes de la semiótica literaria, hallamos posiciones cercanas, intermediarias entre la estilística estructural y la estilística idealista.
Michael Riffaterre. Buscó un método de acercamiento lingüístico al problema del estilo. La estilística del momento le ofrecía estudios basados en una concepción del estilo como desvío respecto a una norma, pero el autor no ignoraba la dificultad de captar esa norma, de construir un lenguaje cero, neutro, por lo que pensó que todo rasgo sólo es captable a través de, y por, un contexto.
Jean Cohen. No habla de estilística, pero sus estudios pueden ser parangonados con los estudios de estilística estructural. Parte de la dicotomía hjelmsleviana –expresión, contenido- y distingue un nivel fónico y un nivel semántico en el poema. Su propósito es captar los rasgos comunes que acercan a los diversos procedimientos poético-retóricos (rima, metáfora, inversión, etc.) y explicar su común eficacia.
Pierre Guiraud. Heredero de la estilística estructural y de la poética de Jakobson, influenciado por la obra de Bachelard, conocedor de la estilística descriptiva y genética, Guiraud busca originalidad en la síntesis de corrientes diversas e intenta reconciliar las distintas tendencias estilísticas.
Samuel R. Levin. Su obra se plantea como objetivo explicar -a partir de la lingüística estructural y de la escuela chomskyana- la peculiaridad esencial de la poesía; no todas las características de la obra, sino las estructuras peculiares que la diferencian del lenguaje ordinario.
Lubomil Dolezel. Comprueba que los progresos de la estilística residen en su unión con la lingüística estructural moderna. La estilística de Dolezel (que sucedía a los estilistas checos de entreguerras) presenta la indiscutible ventaja de manifestar concretamente la relación existente entre los elementos lingüísticos y literarios y de lograr una exposición clara y sencilla de los fenómenos estilísticos.
Antes de pasar al siguiente capítulo, recordemos que no puede establecerse una distinción tajante entre la estilística y la poética.
Capítulo 2
LA POÉTICA:
ESTUDIO DE LA LITERATURA Y/O DE LA FUNCIÓN
POÉTICA DEL LENGUAJE
La poética se ocupaba del análisis de las artes miméticas, de las artes creadoras, caracterizadas por la transposición de la realidad. Así la había concebido Aristóteles y así permaneció hasta la desaparición, con el romanticismo, de la antigua retórica. Su eclipse fue sólo pasajero. La primera obra de conjunto publicada por los formalistas rusos durante la época soviética llevaba el título de Poetika. El mundo occidental recibiría esta nueva concepción de la poética a través de los escritos del último formalista, Roman Jakobson.
Desgraciadamente no es uniforme la extensión concedida al término “poética”; la tarea a ella asignada oscila entre el estudio de la función poética, de la literaturidad o de la obra como sistema semiológico. Muy pronto se tendió a hacer de ella un equivalente de la teoría de la literatura, lo que la aproximaba a la escuela del New Criticism americano. Con todo es posible distinguir una unidad de propósito y finalidad, pese a interpretaciones divergentes de su tarea específica, algo imposible en el caso de la estilística. Las divergencias responden a logros sucesivos, alguna vez diversificados por presupuestos ideológicos, como en el caso de la poética occidental y la poética rusa postformalista, y no a puntos de partida diferentes.
Nos centraremos sobre la estilística americana de M. Riffaterre, la francesa de P. Guiraud y J. Cohen y la checa de L. Dolezel. No puede hablarse, sin embargo, de unidad de criterios de estos autores. Difiere su concepción del estilo, como unidad de la obra o como peculiaridades, como desvío ora individual ora colectivo, etc. Frente a posiciones más tajantes en los representantes de la semiótica literaria, hallamos posiciones cercanas, intermediarias entre la estilística estructural y la estilística idealista.
Michael Riffaterre. Buscó un método de acercamiento lingüístico al problema del estilo. La estilística del momento le ofrecía estudios basados en una concepción del estilo como desvío respecto a una norma, pero el autor no ignoraba la dificultad de captar esa norma, de construir un lenguaje cero, neutro, por lo que pensó que todo rasgo sólo es captable a través de, y por, un contexto.
Jean Cohen. No habla de estilística, pero sus estudios pueden ser parangonados con los estudios de estilística estructural. Parte de la dicotomía hjelmsleviana –expresión, contenido- y distingue un nivel fónico y un nivel semántico en el poema. Su propósito es captar los rasgos comunes que acercan a los diversos procedimientos poético-retóricos (rima, metáfora, inversión, etc.) y explicar su común eficacia.
Pierre Guiraud. Heredero de la estilística estructural y de la poética de Jakobson, influenciado por la obra de Bachelard, conocedor de la estilística descriptiva y genética, Guiraud busca originalidad en la síntesis de corrientes diversas e intenta reconciliar las distintas tendencias estilísticas.
Samuel R. Levin. Su obra se plantea como objetivo explicar -a partir de la lingüística estructural y de la escuela chomskyana- la peculiaridad esencial de la poesía; no todas las características de la obra, sino las estructuras peculiares que la diferencian del lenguaje ordinario.
Lubomil Dolezel. Comprueba que los progresos de la estilística residen en su unión con la lingüística estructural moderna. La estilística de Dolezel (que sucedía a los estilistas checos de entreguerras) presenta la indiscutible ventaja de manifestar concretamente la relación existente entre los elementos lingüísticos y literarios y de lograr una exposición clara y sencilla de los fenómenos estilísticos.
Antes de pasar al siguiente capítulo, recordemos que no puede establecerse una distinción tajante entre la estilística y la poética.
Capítulo 2
LA POÉTICA:
ESTUDIO DE LA LITERATURA Y/O DE LA FUNCIÓN
POÉTICA DEL LENGUAJE
La poética se ocupaba del análisis de las artes miméticas, de las artes creadoras, caracterizadas por la transposición de la realidad. Así la había concebido Aristóteles y así permaneció hasta la desaparición, con el romanticismo, de la antigua retórica. Su eclipse fue sólo pasajero. La primera obra de conjunto publicada por los formalistas rusos durante la época soviética llevaba el título de Poetika. El mundo occidental recibiría esta nueva concepción de la poética a través de los escritos del último formalista, Roman Jakobson.
Desgraciadamente no es uniforme la extensión concedida al término “poética”; la tarea a ella asignada oscila entre el estudio de la función poética, de la literaturidad o de la obra como sistema semiológico. Muy pronto se tendió a hacer de ella un equivalente de la teoría de la literatura, lo que la aproximaba a la escuela del New Criticism americano. Con todo es posible distinguir una unidad de propósito y finalidad, pese a interpretaciones divergentes de su tarea específica, algo imposible en el caso de la estilística. Las divergencias responden a logros sucesivos, alguna vez diversificados por presupuestos ideológicos, como en el caso de la poética occidental y la poética rusa postformalista, y no a puntos de partida diferentes.
Formalismo ruso. Círculo lingüístico de Moscú. O.P.O.I.A.Z. de San Petersburgo. El descontento con la crítica impresionista y simbolista, el impacto del “cientifismo”, basado en un positivismo ingenuo, llevó a un grupo de jóvenes a hacer del estudio de la literatura una “ciencia” autónoma, ciencia diferente de la historia de la cultura alemana, del comentario de textos francés, de la historia de la literatura concebida como sucesión de autores, de la consideración de la obra como un conjunto de ideas manifestadas a través de una forma, etc.
En 1915, un grupo de jóvenes moscovitas, entre ellos Jakobson, fundaban el Círculo lingüístico de Moscú. Mientras que en 1916 se constituía, fundado por O. Brik, el grupo O.P.O.I.A.Z. de San Petersburgo, compuesto por jóvenes lingüistas discípulos de Jan Baudouin de Courtenay (precursor de la lingüística saussureana y de la fonología) y por teóricos de la literatura.
En su origen, el formalismo estuvo profundamente unido al movimiento poético futurista –a su vez profundamente influenciado por el cubismo, como reconoció Jakobson-, del que tomó algunos de sus postulados básicos: predominio del sonido en el poema, función del arte, etc. El formalismo parte de una concepción de la obra de arte como producto verbal, por lo que el estudio de la literatura es esencialmente el estudio del lenguaje poético. Distinguieron el lenguaje en su función poética y el lenguaje con función comunicativa.
La función del arte consiste esencialmente en renovar el automatismo de la percepción. Las acciones habituales se convierten en automáticas, lo que dificulta la captación del objeto en su auténtica dimensión.
El objeto de sus análisis fue en un principio el estudio del lenguaje poético. Posteriormente se tendió a analizar el problema de las estructuras literarias, de las relaciones entre las diversas partes que integran un conjunto poético. Se rehuye toda preocupación; se plantea la autonomía de la crítica literaria, centrada en el estudio de la literaturidad.
La concepción de a obra como sistema de signos se acompaña de su consideración como unidad. Se rechazaron el fondo y forma franceses; se hizo coincidir el término forma con el de literaturidad, de donde surgió la apelación de “formalistas”. Años después, el formalismo francés reinterpretaría esta distinción a partir de la lingüística hjelmsleviana, oponiendo forma, no a fondo, sino a sustancia (elementos extralingüísticos).
Entre 1924 y 1930 la escuela formalista atraviesa su momento más difícil, pero el encuentro de algunos representantes del formalismo ruso con el pensamiento checo supuso la aparición del Círculo lingüístico de Praga. Análisis del cuento tradicional. Vladimir Propp. Folclorista y etnólogo ruso; su obra, Morfología del cuento. Propp intentó un estudio interno de los cuentos fantásticos, descubriendo, a través de la diversidad de personajes y argumentos, unos elementos constantes, que le permitieron aislar las partes constitutivas de todo cuento maravilloso. Su obra es una morfología en el sentido de que busca la descripción de los cuentos según sus partes constituyentes y las relaciones de estas partes entre sí y con el conjunto.
Todo cuento se compone de elementos variables y de elementos constantes. Todo cuento maravilloso pertenece a un mismo tipo en cuanto a su estructura: las funciones son las partes fundamentales del cuento, el número de funciones es limitado, su sucesión siempre es idéntica.
La obra de Propp pasó desapercibida sin poder ejercer su influencia sobre los estudios rusos de los años 30-40, dominados por la crítica marxista. Su morfología del cuento venía a coincidir con los análisis del mito de Claude Lévi-Strauss y los análisis de las situaciones dramáticas de Etienne Souriau.
En 1915, un grupo de jóvenes moscovitas, entre ellos Jakobson, fundaban el Círculo lingüístico de Moscú. Mientras que en 1916 se constituía, fundado por O. Brik, el grupo O.P.O.I.A.Z. de San Petersburgo, compuesto por jóvenes lingüistas discípulos de Jan Baudouin de Courtenay (precursor de la lingüística saussureana y de la fonología) y por teóricos de la literatura.
En su origen, el formalismo estuvo profundamente unido al movimiento poético futurista –a su vez profundamente influenciado por el cubismo, como reconoció Jakobson-, del que tomó algunos de sus postulados básicos: predominio del sonido en el poema, función del arte, etc. El formalismo parte de una concepción de la obra de arte como producto verbal, por lo que el estudio de la literatura es esencialmente el estudio del lenguaje poético. Distinguieron el lenguaje en su función poética y el lenguaje con función comunicativa.
La función del arte consiste esencialmente en renovar el automatismo de la percepción. Las acciones habituales se convierten en automáticas, lo que dificulta la captación del objeto en su auténtica dimensión.
El objeto de sus análisis fue en un principio el estudio del lenguaje poético. Posteriormente se tendió a analizar el problema de las estructuras literarias, de las relaciones entre las diversas partes que integran un conjunto poético. Se rehuye toda preocupación; se plantea la autonomía de la crítica literaria, centrada en el estudio de la literaturidad.
La concepción de a obra como sistema de signos se acompaña de su consideración como unidad. Se rechazaron el fondo y forma franceses; se hizo coincidir el término forma con el de literaturidad, de donde surgió la apelación de “formalistas”. Años después, el formalismo francés reinterpretaría esta distinción a partir de la lingüística hjelmsleviana, oponiendo forma, no a fondo, sino a sustancia (elementos extralingüísticos).
Entre 1924 y 1930 la escuela formalista atraviesa su momento más difícil, pero el encuentro de algunos representantes del formalismo ruso con el pensamiento checo supuso la aparición del Círculo lingüístico de Praga. Análisis del cuento tradicional. Vladimir Propp. Folclorista y etnólogo ruso; su obra, Morfología del cuento. Propp intentó un estudio interno de los cuentos fantásticos, descubriendo, a través de la diversidad de personajes y argumentos, unos elementos constantes, que le permitieron aislar las partes constitutivas de todo cuento maravilloso. Su obra es una morfología en el sentido de que busca la descripción de los cuentos según sus partes constituyentes y las relaciones de estas partes entre sí y con el conjunto.
Todo cuento se compone de elementos variables y de elementos constantes. Todo cuento maravilloso pertenece a un mismo tipo en cuanto a su estructura: las funciones son las partes fundamentales del cuento, el número de funciones es limitado, su sucesión siempre es idéntica.
La obra de Propp pasó desapercibida sin poder ejercer su influencia sobre los estudios rusos de los años 30-40, dominados por la crítica marxista. Su morfología del cuento venía a coincidir con los análisis del mito de Claude Lévi-Strauss y los análisis de las situaciones dramáticas de Etienne Souriau.
Análisis del relato o drama.
Etienne Souriau. Con absoluta independencia sobre Propp y Strauss se propone: 1 distinguir mediante el análisis las grandes funciones dramáticas sobre las que reposa la dinámica teatral; 2 estudiar morfológicamente sus principales combinaciones; 3 buscar las causas de las propiedades estéticas, tan diversas y variadas, de estas combinaciones o situaciones; 4 observar cómo estas situaciones se encadenan o por qué inversiones se modifican y hacen avanzar la acción teatral.
Algirdas Julien Greimas. Plantea una reformulación de los personajes y funciones de Propp. Busca construir un modelo de análisis más general, utilizable en un mayor número de descripciones de micro-universos semánticos. Compara los personajes de Propp con las funciones de Souriau.
Etienne Souriau. Con absoluta independencia sobre Propp y Strauss se propone: 1 distinguir mediante el análisis las grandes funciones dramáticas sobre las que reposa la dinámica teatral; 2 estudiar morfológicamente sus principales combinaciones; 3 buscar las causas de las propiedades estéticas, tan diversas y variadas, de estas combinaciones o situaciones; 4 observar cómo estas situaciones se encadenan o por qué inversiones se modifican y hacen avanzar la acción teatral.
Algirdas Julien Greimas. Plantea una reformulación de los personajes y funciones de Propp. Busca construir un modelo de análisis más general, utilizable en un mayor número de descripciones de micro-universos semánticos. Compara los personajes de Propp con las funciones de Souriau.
Estructuralismo checo. Círculo lingüístico de Praga. El estructuralismo checo significó la reformulación de las tesis extremistas de los formalistas rusos. Se consideró el lenguaje como el principal sistema de signos, mas no el único. Mukarovsky desarrolló la concepción de la poesía como parte integrante de la semiología y no de la lingüística, concepción que, treinta años después, se impondría en Europa occidental.
La segunda guerra mundial marcaría un corte en el Círculo de Praga, y en su influencia sobre la crítica literaria occidental.
La segunda guerra mundial marcaría un corte en el Círculo de Praga, y en su influencia sobre la crítica literaria occidental.
Autores eslavos en el mundo occidental: Roman Jakobson. Partiendo de las funciones del lenguaje de K. Bühler, la Escuela de Praga había desarrollado una teoría de la poesía que posteriormente recogería y completaría Jakobson, constituyendo la base de la poética europea en los últimos años. Jakobson había sido uno de los más activos componentes del formalismo ruso y del estructuralismo checo.
Todo proceso comunicativo se basa en la presencia de seis factores: el remitente que envía un mensaje a un destinatario, mensaje que requiere un contexto (o referente) y un código común para ser pertinente, y que se transmite gracias a un contacto (canal). Cada uno de estos seis factores origina una función lingüística distinta, aunque rara vez se dé una sola de ellas en la comunicación. Por el contrario, el predominio de una sobre las otras marca los diversos tipos de lenguaje. La orientación hacia el contexto constituye la función referencial, denotativa, cognitiva. La función expresiva o emotiva se centra sobre el remitente y, en la lengua, halla su expresión más pura en la interjección. La función conativa se centra sobre el destinatario (aparece representada en lengua por el vocativo y el imperativo). La función fática tiende a establecer o acentuar el contacto entre el emisor y el receptor. En la función metalingüística la atención se concentra sobre el código mismo. Finalmente, la función poética atiende al propio mensaje.
Todo proceso comunicativo se basa en la presencia de seis factores: el remitente que envía un mensaje a un destinatario, mensaje que requiere un contexto (o referente) y un código común para ser pertinente, y que se transmite gracias a un contacto (canal). Cada uno de estos seis factores origina una función lingüística distinta, aunque rara vez se dé una sola de ellas en la comunicación. Por el contrario, el predominio de una sobre las otras marca los diversos tipos de lenguaje. La orientación hacia el contexto constituye la función referencial, denotativa, cognitiva. La función expresiva o emotiva se centra sobre el remitente y, en la lengua, halla su expresión más pura en la interjección. La función conativa se centra sobre el destinatario (aparece representada en lengua por el vocativo y el imperativo). La función fática tiende a establecer o acentuar el contacto entre el emisor y el receptor. En la función metalingüística la atención se concentra sobre el código mismo. Finalmente, la función poética atiende al propio mensaje.
El New Criticism. Surgió hacia 1935 en un grupo de críticos del Sur animados, en un principio, por John Crowe Ramson, quien, en 1941, bautizó el movimiento. Los new critics reclamaron un estudio intrínseco de la obra literaria, denunciando los inconvenientes de la crítica genética, psicológica, histórica, biográfica y sociológica. La esencia de la poesía se vio en la metáfora.
El postformalismo soviético. La poética de M. Bakhtine. Se intentó elaborar una nueva poética que compaginase su método con la teoría marxista. La obra poética es considerada como un sistema de signos, pero se intenta recuperar el ahistoricismo formalista y su tajante separación inicial entre el poema y su ideología.
El postformalismo soviético. La poética de M. Bakhtine. Se intentó elaborar una nueva poética que compaginase su método con la teoría marxista. La obra poética es considerada como un sistema de signos, pero se intenta recuperar el ahistoricismo formalista y su tajante separación inicial entre el poema y su ideología.
El formalismo francés. Su influencia no fue decisiva para crear una crítica inmanente, una crítica “pura”, despreocupada de toda noción externa a la obra (autor, época, etc.). Ésta triunfaría en los años sesenta, gracias a la convergencia de diversos factores: la reacción contra la crítica universitaria, la divulgación de las teorías de los formalistas rusos, la llegada de eslavos (Todorov y Kristeva).
Roland Barthes. La crítica queda reducida a un metalenguaje, sometido al momento, a la época y a sus ideologías dominantes.
Gérard Genette. Se opone a Barthes. Repensar, replantear las conquistas del pasado, salvar de él todo lo utilizable que un excesivo afán de modernismo puede anegar; de ahí su interés por la retórica.
Tzvetan Todorov. Búlgaro establecido en Francia. El análisis del discurso literario ha de ser un análisis global, un análisis que asuma todos los aspectos del proceso de la enunciación y del enunciado e incluso la materialidad misma del texto. Distingue tres aspectos generales presentes en todo relato: semántico, sintáctico y verbal.
Roland Barthes. La crítica queda reducida a un metalenguaje, sometido al momento, a la época y a sus ideologías dominantes.
Gérard Genette. Se opone a Barthes. Repensar, replantear las conquistas del pasado, salvar de él todo lo utilizable que un excesivo afán de modernismo puede anegar; de ahí su interés por la retórica.
Tzvetan Todorov. Búlgaro establecido en Francia. El análisis del discurso literario ha de ser un análisis global, un análisis que asuma todos los aspectos del proceso de la enunciación y del enunciado e incluso la materialidad misma del texto. Distingue tres aspectos generales presentes en todo relato: semántico, sintáctico y verbal.
Diversidad de la poética. No existe univocidad en la definición del término “poética”. Su diversidad radica esencialmente en el empleo que se hizo de él en dos momentos históricos diferentes; primero con Aristóteles y luego los formalistas rusos.
La poética general busca definir la especificidad del hecho literario. La cuestión fue planteada por los formalistas rusos al asignar como tarea a la poética no el estudio de las obras literarias, sino el análisis de la literaridad, es decir de lo que hace que una obra sea literaria.
Capítulo 3
LA SEMIÓTICA POÉTICA:
ESTUDIO DE LA OBRA DE ARTE COMO SISTEMA
DE COMUNICACIÓN Y/O SISTEMA SIGNIFICANTE
Semiótica y semiología. No se puede establecer una diferencia tajante entre semiótica literaria y poética: existen estudios poéticos que pertenecen a la semiología literaria, frente a otros en los que no se da este carácter.
Hace más de dos siglos que John Locke concibió la existencia de una ciencia de los signos y de las significaciones constituida a partir de la lógica entendida como ciencia del lenguaje. En realidad, Locke resucitaba el viejo término estoico, “semiótica”, interesándose por una ciencia que gozaba ya de larga tradición. Habría que esperar al siglo XX para que dos autores coetáneos y sin relación entre sí postulasen esta ciencia: el norteamericano Charles Sanders Peirce y el suizo Ferdinand de Saussure.
“La lengua es un sistema de signos que expresan ideas, y por eso comparable a la escritura, al alfabeto de los sordomudos, a los ritos simbólicos, a las formas de cortesía, a las insignias militares, etc. Sólo que es el más importante de todos esos sistemas”.
“Se puede, pues, concebir una ciencia que estudie la vida de los signos en el seno de la vida social. Tal ciencia sería parte de la psicología social, y por consiguiente de la psicología general. Nosotros la llamaremos semiología (del griego semeîon, “signo”). Ella nos enseñará en qué consisten los signos y cuáles son las leyes que los gobiernan. La lingüística no es más que una parte de esta ciencia general; las leyes que la semiología descubra serán aplicables a la lingüística, y así es como la lingüística se encontrará ligada a un dominio bien definido en el conjunto de los hechos humanos”, Ferdinand de Saussure, Curso de lingüística general.
Según la corriente europea Semiología saussureana, y según la corriente americana Semiótica de Peirce.
Eric Buyssens. Diversos lingüistas postsaussureanos se ocuparon de la semiología, siendo éste quien publicara el primer intento sistemático de construir la semiología que reclamaba Saussure.
Luis Hjelmslev. Una semiótica es cualquier sistema de comunicación distinto de la lengua natural o “cualquier estructura que sea análoga a la lengua”. Se interesa particularmente por dos cuestiones: el lugar que corresponde a la lengua dentro del conjunto de estas estructuras semióticas y la separación entre estructuras semióticas y no semióticas.
Semiótica del arte. Semiótica literaria. Toda obra de arte es un signo autónomo. Es signo puesto que, traduciendo su formulación a los términos saussureanos, consta de un significante (al que denomina símbolo sensible), de un significado y de una relación con la cosa significada.
La lengua poética, piensa Mukarovsky, requiere la adición de una cuarta función (respecto a las 3 de Bühler –representación, expresión y apelación-), opuesta a éstas, que están orientadas hacia lo exterior a la lengua, mientras que esta cuarta función lo estaría hacia el signo mismo, al que sitúa en el centro de atención. Esta demarcación entre la función estética y las funciones prácticas no es tajante, no coincide con la delimitación entre el arte y las restantes actividades humanas.
Por otra parte, en cuanto los partidarios de la semiótica literaria o poética, parten del concepto de la obra literaria como de un sistema de comunicación. La narratología, comentan, estudia el relato en general. El relato puede ser literario o no literario, manifestarse por medio del lenguaje o por otro medio (cine, pintura, etc.). Por lo tanto, la narratología forma parte de la semiótica; sólo la narratología aplicada al estudio de las obras literarias puede incluirse en la poética.
CONCLUSIÓN
Anteriormente se presentaron las tres disciplinas –estilística, poética y semiótica- como tres avatares del estudio inmanente de la literatura, recurriendo a procedimientos de análisis procedentes del estudio del lenguaje (lingüística) o de los sistemas de signos (semiótica). En la actualidad puede decirse que la estilística posee una esfera de estudio perfectamente delimitada: el análisis de la estructura superficial del texto. La mayoría de los autores son conscientes del interés de este estudio, aunque son escasos los avances realizados en este dominio. La escasez de estudios estilísticos en los últimos años se debe esencialmente a la carencia de procedimientos de análisis eficaces y adecuados.
La poética y la semiótica literarias constituyen disciplinas diferentes para quienes consideran a la poética como el estudio general de toda obra literaria; sin embargo, una importante corriente prefiere hablar de “crítica literaria” en el caso del análisis general de una obra literaria determinada, y reservar “poética” para el estudio de un determinado tipo de comunicación, la comunicación literaria. En tal caso no pueden trazarse límites entre la poética y la semiótica literaria puesto que la poética es el estudio de la literatura utilizando métodos semióticos.
Por último, la semiótica literaria, al menos en algunas de sus corriente más pujantes, ha dejado de interesarse por la noción de signo poético para tomar como centro de análisis la noción de texto. Por otra parte, a una visión autónoma de la literatura, se superpone la consideración de la importancia que el contexto tiene en la creación e interpretación de la obra literaria. También en este caso, la poética y la semiótica literarias coinciden con las orientaciones lingüísticas que intentan superar la tradicional noción de la oración como unidad máxima de la lengua e insisten en que el lenguaje se utiliza siempre en situaciones concretas y a través de enunciados y textos.
La poética general busca definir la especificidad del hecho literario. La cuestión fue planteada por los formalistas rusos al asignar como tarea a la poética no el estudio de las obras literarias, sino el análisis de la literaridad, es decir de lo que hace que una obra sea literaria.
Capítulo 3
LA SEMIÓTICA POÉTICA:
ESTUDIO DE LA OBRA DE ARTE COMO SISTEMA
DE COMUNICACIÓN Y/O SISTEMA SIGNIFICANTE
Semiótica y semiología. No se puede establecer una diferencia tajante entre semiótica literaria y poética: existen estudios poéticos que pertenecen a la semiología literaria, frente a otros en los que no se da este carácter.
Hace más de dos siglos que John Locke concibió la existencia de una ciencia de los signos y de las significaciones constituida a partir de la lógica entendida como ciencia del lenguaje. En realidad, Locke resucitaba el viejo término estoico, “semiótica”, interesándose por una ciencia que gozaba ya de larga tradición. Habría que esperar al siglo XX para que dos autores coetáneos y sin relación entre sí postulasen esta ciencia: el norteamericano Charles Sanders Peirce y el suizo Ferdinand de Saussure.
“La lengua es un sistema de signos que expresan ideas, y por eso comparable a la escritura, al alfabeto de los sordomudos, a los ritos simbólicos, a las formas de cortesía, a las insignias militares, etc. Sólo que es el más importante de todos esos sistemas”.
“Se puede, pues, concebir una ciencia que estudie la vida de los signos en el seno de la vida social. Tal ciencia sería parte de la psicología social, y por consiguiente de la psicología general. Nosotros la llamaremos semiología (del griego semeîon, “signo”). Ella nos enseñará en qué consisten los signos y cuáles son las leyes que los gobiernan. La lingüística no es más que una parte de esta ciencia general; las leyes que la semiología descubra serán aplicables a la lingüística, y así es como la lingüística se encontrará ligada a un dominio bien definido en el conjunto de los hechos humanos”, Ferdinand de Saussure, Curso de lingüística general.
Según la corriente europea Semiología saussureana, y según la corriente americana Semiótica de Peirce.
Eric Buyssens. Diversos lingüistas postsaussureanos se ocuparon de la semiología, siendo éste quien publicara el primer intento sistemático de construir la semiología que reclamaba Saussure.
Luis Hjelmslev. Una semiótica es cualquier sistema de comunicación distinto de la lengua natural o “cualquier estructura que sea análoga a la lengua”. Se interesa particularmente por dos cuestiones: el lugar que corresponde a la lengua dentro del conjunto de estas estructuras semióticas y la separación entre estructuras semióticas y no semióticas.
Semiótica del arte. Semiótica literaria. Toda obra de arte es un signo autónomo. Es signo puesto que, traduciendo su formulación a los términos saussureanos, consta de un significante (al que denomina símbolo sensible), de un significado y de una relación con la cosa significada.
La lengua poética, piensa Mukarovsky, requiere la adición de una cuarta función (respecto a las 3 de Bühler –representación, expresión y apelación-), opuesta a éstas, que están orientadas hacia lo exterior a la lengua, mientras que esta cuarta función lo estaría hacia el signo mismo, al que sitúa en el centro de atención. Esta demarcación entre la función estética y las funciones prácticas no es tajante, no coincide con la delimitación entre el arte y las restantes actividades humanas.
Por otra parte, en cuanto los partidarios de la semiótica literaria o poética, parten del concepto de la obra literaria como de un sistema de comunicación. La narratología, comentan, estudia el relato en general. El relato puede ser literario o no literario, manifestarse por medio del lenguaje o por otro medio (cine, pintura, etc.). Por lo tanto, la narratología forma parte de la semiótica; sólo la narratología aplicada al estudio de las obras literarias puede incluirse en la poética.
CONCLUSIÓN
Anteriormente se presentaron las tres disciplinas –estilística, poética y semiótica- como tres avatares del estudio inmanente de la literatura, recurriendo a procedimientos de análisis procedentes del estudio del lenguaje (lingüística) o de los sistemas de signos (semiótica). En la actualidad puede decirse que la estilística posee una esfera de estudio perfectamente delimitada: el análisis de la estructura superficial del texto. La mayoría de los autores son conscientes del interés de este estudio, aunque son escasos los avances realizados en este dominio. La escasez de estudios estilísticos en los últimos años se debe esencialmente a la carencia de procedimientos de análisis eficaces y adecuados.
La poética y la semiótica literarias constituyen disciplinas diferentes para quienes consideran a la poética como el estudio general de toda obra literaria; sin embargo, una importante corriente prefiere hablar de “crítica literaria” en el caso del análisis general de una obra literaria determinada, y reservar “poética” para el estudio de un determinado tipo de comunicación, la comunicación literaria. En tal caso no pueden trazarse límites entre la poética y la semiótica literaria puesto que la poética es el estudio de la literatura utilizando métodos semióticos.
Por último, la semiótica literaria, al menos en algunas de sus corriente más pujantes, ha dejado de interesarse por la noción de signo poético para tomar como centro de análisis la noción de texto. Por otra parte, a una visión autónoma de la literatura, se superpone la consideración de la importancia que el contexto tiene en la creación e interpretación de la obra literaria. También en este caso, la poética y la semiótica literarias coinciden con las orientaciones lingüísticas que intentan superar la tradicional noción de la oración como unidad máxima de la lengua e insisten en que el lenguaje se utiliza siempre en situaciones concretas y a través de enunciados y textos.
lunes, 6 de abril de 2009
SISTEMAS DE SIGNIFCACIÓN. SEMIÓTICA Y COMUNICACIÓN
SEMIÓTICA Y COMUNICACIÓN
En resumen, la posibilidad que queda a interlocutores que no se entienden es de reconocerse como miembros de grupos lingüísticos diferentes y de volverse entonces traductores. T.S.Kuhn (La estructura de las revoluciones científicas)Modelo lineal de la comunicación
Comunicarse implica una interacción con alguien. Sin embargo, esta interacción posee cualidades y consecuencias distintas según el punto de vista con el que analicemos la comunicación. El punto de vista más clásico en la teoría de la comunicación es aquel en el que se tiene en cuenta un aspecto de la interacción: la transmisión de información. Este punto de vista ha surgido desde el modelo lineal de la comunicación.
Desde la Teoría de la Comunicación, Shannon elaboró una teoría matemática de la comunicación. Esta teoría describía la comunicación como un proceso lineal. En el contexto de la comunicación humana a este proceso de comunicación se le etiquetó como modelo lineal de la comunicación. El modelo tuvo gran influencia en las ciencias sociales de la época, hasta el punto de que posteriores modelos, que han intentado describir el proceso de la comunicación desde la psicología, han mantenido el esquema básico del modelo de Shannon.
El estudio de la comunicación desde este modelo se apoya en la descripción del proceso que sigue el acto comunicativo. Un primer aspecto a tener en cuenta desde este proceso es que sólo hay comunicación cuando aquello que se comunica tiene un significado común para los dos elementos de la interacción. Antes de atribuir significado a una idea es necesario codificarla en términos comprensibles, y a partir de ahí realizar el acto de la comunicación. Un segundo aspecto consiste en que no se puede transmitir una idea sin disponer de un medio o soporte. Aquí es necesario referirse a dos conceptos que suelen confundirse: información y comunicación. Para el modelo lineal de la comunicación, el primer concepto (información) hace referencia a la acción de informar, es decir, al contenido de una comunicación (mensaje); el segundo (comunicación) se refiere a cómo el proceso pone en contacto dos o más polos (emisores y receptores) que intercambian información.
La comunicación desde el modelo lineal se concibe como un proceso de transmisión de información, realizado con un acto lingüístico, consciente y voluntario. En este proceso los dos elementos más importantes para el éxito de la comunicación son el emisor y el receptor, considerados individualmente.
Este modelo ha sido pensado para sistemas técnicos. Cuando se intentó aplicarlo a la comunicación entre personas se vio que era insuficiente. Posteriores modificaciones del modelo desde la psicología, siguen manteniendo una concepción de la comunicación entre dos personas como transmisión de un mensaje sucesivamente codificado y después descodificado. Sin embargo, ha sido necesario incorporar al modelo el concepto aplicado por Wienner de retorno. El retorno proviene del modelo cibernético de Wienner, y rompe el esquema lineal al hacerlo circular. Es la única forma de que la base del modelo pueda tener una aplicación en la comunicación humana, puesto que las personas no son elementos estáticos en el proceso de comunicación, como lo puedan ser dos terminales telegráficos.
De esta forma la estructura del acto comunicativo sigue manteniendo la misma concepción de comunicación como proceso de transmisión de información, pero desarrollando un modelo circular, más próximo al modelo cibernético de Wiener. Un modelo humano basado en el modelo lineal de la comunicación quedaría así:
canal
emisor----> codificación--> mensaje ------->decodificación -------->receptor
código
Vemos, pues, la relevancia que tienen los procedimientos simétricos de codificación y descodificación en todo proceso comunicativo. Estos procedimientos se llevan a cabo mediante signos y por ello ha irrumpido la semiótica (la ciencia de los signos) en el campo de la Teoría de la Comunicación.
Vemos, pues, la relevancia que tienen los procedimientos simétricos de codificación y descodificación en todo proceso comunicativo. Estos procedimientos se llevan a cabo mediante signos y por ello ha irrumpido la semiótica (la ciencia de los signos) en el campo de la Teoría de la Comunicación.
La semiótica
Es difícil dar una definición unánime de lo que es la semiótica. Sin embargo, puede haber acuerdo acerca de "doctrina de los signos" o "teoría de los signos". Esta definición presenta el inconveniente de transferir al término "signo" la mayor parte de los interrogantes. Para algunos el signo es, en principio, un objeto construido; para otros, es, en principio, un objeto observable; otros sólo toman en cuenta sistemas de signos previamente establecidos, que pueden alcanzar desde sistemas de señalización concretos hasta los sistemas de significación implícitos en toda práctica social (ritos, mitos, costumbres).
Existen, pues, concepciones opuestas de la disciplina, que van desde el estudio de un sistema concreto de señales hasta una concepción "absolutista" que hace depender la propia cultura del fenómeno comunicativo. Un breve sumario de estas concepciones sería el siguiente:
Una concepción limitada a los sistemas de signos instituidos en la práctica social y no-lingüísticos: carteles de señalización, escudos, uniformes, etc... En todo caso, podría hablarse de "signalética" para calificar esta concepción.
La concepción que puede llamarse "saussuro-hjelmsleviana" que considera con Saussure, que la lingüística es una parte de la semiología, "ciencia que estudia la vida de los signos en el seno de la vida social". Extendiendo el modelo lingüístico a todos los sistemas de signos humanos, la misma podría calificarse como "semiolinguística" aún cuando sus sostenedores recusan este apelativo. Sin embargo, construye sus objetos sobre el "patrón" de los objetos de la lengua.
La concepción peirceana que combina, en el estudio de los signos un análisis de los fenómenos de significación como la cooperación de tres instancias que implican al representante (el signo propiamente dicho), al representado (aquello de lo que el signo da cuenta) y a un intérprete genérico considerado como un muestrario representativo portador de los hábitos interpretativos de la comunidad a la que pertenece.
Concepciones etnoculturales que ven en la cultura una combinación de sistemas "modelizadores" de lo real (Yuri Lotman, Escuela de Tartú).
Concepciones que tienden a abolir la separación entre ciencias humanas y ciencias de la naturaleza, a partir de una zoosemiótica, de una fitosemiótica, reagrupadas con la teoría de la información y las neurociencias, para constituir una especie de "perspectiva semiótica" (Círculo de Toronto).
Concepciones "regionales" del objeto semiótico limitadas a campos como el visual, las prácticas culturales y artísticas (danza, literatura, poesía, urbanismo y arquitectura, cine, teatro, circo, pintura, presentación de la persona, etc...), los "discursos" de carácter social (jurídico, religioso, político, etc...). Aunque pretendidamente independientes, dada la especificidad de su objeto, no dejan de vincularse, más o menos explícitamente, con alguna de las concepciones enunciadas anteriormente. Las concepciones 2) y 3) son las más comúnmente aceptadas y no han dejado de existir intentos de proceder a síntesis de ambas, de los que el más reputado ha sido el de Umberto Eco[1]. Sin embargo, dicha síntesis se presenta problemática, ya que, como veremos, sus metodologías de trabajo se presentan casi como irreconciliables, apoyándose la concepción saussureana en una base binaria (significado / significante) mientras que la pierceana se apoya en una base triádica (objeto / signo / interpretante).
Es difícil dar una definición unánime de lo que es la semiótica. Sin embargo, puede haber acuerdo acerca de "doctrina de los signos" o "teoría de los signos". Esta definición presenta el inconveniente de transferir al término "signo" la mayor parte de los interrogantes. Para algunos el signo es, en principio, un objeto construido; para otros, es, en principio, un objeto observable; otros sólo toman en cuenta sistemas de signos previamente establecidos, que pueden alcanzar desde sistemas de señalización concretos hasta los sistemas de significación implícitos en toda práctica social (ritos, mitos, costumbres).
Existen, pues, concepciones opuestas de la disciplina, que van desde el estudio de un sistema concreto de señales hasta una concepción "absolutista" que hace depender la propia cultura del fenómeno comunicativo. Un breve sumario de estas concepciones sería el siguiente:
Una concepción limitada a los sistemas de signos instituidos en la práctica social y no-lingüísticos: carteles de señalización, escudos, uniformes, etc... En todo caso, podría hablarse de "signalética" para calificar esta concepción.
La concepción que puede llamarse "saussuro-hjelmsleviana" que considera con Saussure, que la lingüística es una parte de la semiología, "ciencia que estudia la vida de los signos en el seno de la vida social". Extendiendo el modelo lingüístico a todos los sistemas de signos humanos, la misma podría calificarse como "semiolinguística" aún cuando sus sostenedores recusan este apelativo. Sin embargo, construye sus objetos sobre el "patrón" de los objetos de la lengua.
La concepción peirceana que combina, en el estudio de los signos un análisis de los fenómenos de significación como la cooperación de tres instancias que implican al representante (el signo propiamente dicho), al representado (aquello de lo que el signo da cuenta) y a un intérprete genérico considerado como un muestrario representativo portador de los hábitos interpretativos de la comunidad a la que pertenece.
Concepciones etnoculturales que ven en la cultura una combinación de sistemas "modelizadores" de lo real (Yuri Lotman, Escuela de Tartú).
Concepciones que tienden a abolir la separación entre ciencias humanas y ciencias de la naturaleza, a partir de una zoosemiótica, de una fitosemiótica, reagrupadas con la teoría de la información y las neurociencias, para constituir una especie de "perspectiva semiótica" (Círculo de Toronto).
Concepciones "regionales" del objeto semiótico limitadas a campos como el visual, las prácticas culturales y artísticas (danza, literatura, poesía, urbanismo y arquitectura, cine, teatro, circo, pintura, presentación de la persona, etc...), los "discursos" de carácter social (jurídico, religioso, político, etc...). Aunque pretendidamente independientes, dada la especificidad de su objeto, no dejan de vincularse, más o menos explícitamente, con alguna de las concepciones enunciadas anteriormente. Las concepciones 2) y 3) son las más comúnmente aceptadas y no han dejado de existir intentos de proceder a síntesis de ambas, de los que el más reputado ha sido el de Umberto Eco[1]. Sin embargo, dicha síntesis se presenta problemática, ya que, como veremos, sus metodologías de trabajo se presentan casi como irreconciliables, apoyándose la concepción saussureana en una base binaria (significado / significante) mientras que la pierceana se apoya en una base triádica (objeto / signo / interpretante).
El uso de los signos en el pasado.
Los hombres primitivos se contentaban con un uso puramente instrumental de los signos, ligado a sus condiciones de subsistencia (lugar donde encontrar la caza, avisar de peligros inminentes, etc.), lo que no implicaba problemáticas específicas que resolver. Pero, a medida que la realidad social se va haciendo más compleja, el uso de los signos deviene más estricto: el signo debe reproducir de forma unívoca las realidades del mundo material con el fin de preservar la integridad y la identidad del grupo humano.
Los primeros pensadores que reflexionaron sobre los signos fueron Aristóteles y los estoicos, quienes buscan las relaciones entre la configuración de los términos en el silogismo y la configuración del orden real, así como los motivos de la transferencia de valores de verdad de una a otra.
La primera ampliación del campo de estudio se la debemos a Leibniz, quien con su Mathesis Universalis, extenderá las nuevas funciones matemáticas a nuevos campos significantes. Sin embargo, el proyecto quedará inconcluso al enfrentarse con los numerosos problemas de polisemia que requerirán el regreso al estudio específico de la lengua humana. Locke y los filósofos ilustrados (especialmente Condillac) fundamentarán la semiótica en la gramática.
El inicio de la semiótica contemporánea.
Pese a que todos los grandes pensadores, aunque no lo hayan hecho explícitamente, se hayan interrogado acerca del problema de la significación, generalmente se coincide en distinguir dos fuentes de la semiótica contemporánea: F. de Saussure y Ch. S. Peirce. Para completar conviene acercar al nombre del primero el del lingüista danés L. Hjelmslev.
Ferdinand de Saussure (1857-1913) tenía como objetivo estudiar la lengua considerada en sí misma, retomando de esta forma el proyecto estoico sobre la base de la materialidad del lenguaje mismo. Naturalmente, ubica a la lingüística como una parte de la semiología, ciencia que estudia la vida de los signos en el seno de la vida social y que nos enseñaría en qué consisten los signos y qué leyes los rigen. Para Saussure el signo es una unidad psíquica de dos caras: la imagen acústica (el significante) y el concepto (el significado); la unión que existe entre ambos es totalmente arbitraria. El signo es, pues, fruto de un contrato concertado entre los miembros de la sociedad, que actúa como fuerza externa sobre la lengua modificándola pero sin alterar sus características formales.
Louis Hjelmslev (1899-1963) era un lingüista danés cuya obra es un eslabón indispensable para comprender la evolución de la lingüística moderna surgida de las intuiciones de Saussure. Hjelmslev añade dos caras más a cada una de las caras de Saussure: tanto el contenido (significado) como la expresión (significante) tienen forma y substancia. La función semiótica se establece entre la forma del contenido y la forma de la expresión; mientras que la substancia del contenido (el pensamiento) y la substancia de la expresión (la cadena fónica) dependen exclusivamente de la forma y no tienen existencia independiente. Este homomorfismo entre el plano de la expresión y el plano del contenido abre las puertas a una semántica estructural.
Charles Sanders Peirce (1839-1914) se interesó, entre otras cosas, en la semiótica a la que consideraba ante todo como una lógica, lo que no deja de evocar el proyecto estoico. Sin embargo, su propósito apunta a aprehender la totalidad de los procesos comprometidos en el establecimiento de las significaciones, por ello su concepto de signo es general y pragmático. En la significación cooperan tres instancias: el objeto (que se pretende representar), el signo (que lo representa) y el interpretante (que lo interpreta). El interpretante es, a la vez, una norma social o un hábito colectivo institucionalizado y la determinación aquí y ahora de una mente que interioriza esta norma.
Los hombres primitivos se contentaban con un uso puramente instrumental de los signos, ligado a sus condiciones de subsistencia (lugar donde encontrar la caza, avisar de peligros inminentes, etc.), lo que no implicaba problemáticas específicas que resolver. Pero, a medida que la realidad social se va haciendo más compleja, el uso de los signos deviene más estricto: el signo debe reproducir de forma unívoca las realidades del mundo material con el fin de preservar la integridad y la identidad del grupo humano.
Los primeros pensadores que reflexionaron sobre los signos fueron Aristóteles y los estoicos, quienes buscan las relaciones entre la configuración de los términos en el silogismo y la configuración del orden real, así como los motivos de la transferencia de valores de verdad de una a otra.
La primera ampliación del campo de estudio se la debemos a Leibniz, quien con su Mathesis Universalis, extenderá las nuevas funciones matemáticas a nuevos campos significantes. Sin embargo, el proyecto quedará inconcluso al enfrentarse con los numerosos problemas de polisemia que requerirán el regreso al estudio específico de la lengua humana. Locke y los filósofos ilustrados (especialmente Condillac) fundamentarán la semiótica en la gramática.
El inicio de la semiótica contemporánea.
Pese a que todos los grandes pensadores, aunque no lo hayan hecho explícitamente, se hayan interrogado acerca del problema de la significación, generalmente se coincide en distinguir dos fuentes de la semiótica contemporánea: F. de Saussure y Ch. S. Peirce. Para completar conviene acercar al nombre del primero el del lingüista danés L. Hjelmslev.
Ferdinand de Saussure (1857-1913) tenía como objetivo estudiar la lengua considerada en sí misma, retomando de esta forma el proyecto estoico sobre la base de la materialidad del lenguaje mismo. Naturalmente, ubica a la lingüística como una parte de la semiología, ciencia que estudia la vida de los signos en el seno de la vida social y que nos enseñaría en qué consisten los signos y qué leyes los rigen. Para Saussure el signo es una unidad psíquica de dos caras: la imagen acústica (el significante) y el concepto (el significado); la unión que existe entre ambos es totalmente arbitraria. El signo es, pues, fruto de un contrato concertado entre los miembros de la sociedad, que actúa como fuerza externa sobre la lengua modificándola pero sin alterar sus características formales.
Louis Hjelmslev (1899-1963) era un lingüista danés cuya obra es un eslabón indispensable para comprender la evolución de la lingüística moderna surgida de las intuiciones de Saussure. Hjelmslev añade dos caras más a cada una de las caras de Saussure: tanto el contenido (significado) como la expresión (significante) tienen forma y substancia. La función semiótica se establece entre la forma del contenido y la forma de la expresión; mientras que la substancia del contenido (el pensamiento) y la substancia de la expresión (la cadena fónica) dependen exclusivamente de la forma y no tienen existencia independiente. Este homomorfismo entre el plano de la expresión y el plano del contenido abre las puertas a una semántica estructural.
Charles Sanders Peirce (1839-1914) se interesó, entre otras cosas, en la semiótica a la que consideraba ante todo como una lógica, lo que no deja de evocar el proyecto estoico. Sin embargo, su propósito apunta a aprehender la totalidad de los procesos comprometidos en el establecimiento de las significaciones, por ello su concepto de signo es general y pragmático. En la significación cooperan tres instancias: el objeto (que se pretende representar), el signo (que lo representa) y el interpretante (que lo interpreta). El interpretante es, a la vez, una norma social o un hábito colectivo institucionalizado y la determinación aquí y ahora de una mente que interioriza esta norma.
La relación entre semiótica y comunicación.
Todo acto de comunicación puede describirse como un par constituido por un signo producido por un emisor, interpretado luego por un receptor. Su estudio combinará producción e interpretación de un mismo signo. Tomando el modelo peirceano podríamos representar los procesos de producción e interpretación con un gráfico como el siguiente, en el que O representa el objeto, S representa el signo, I representa el interpretante y las flechas muestran las relaciones de dependencia:
Todo acto de comunicación puede describirse como un par constituido por un signo producido por un emisor, interpretado luego por un receptor. Su estudio combinará producción e interpretación de un mismo signo. Tomando el modelo peirceano podríamos representar los procesos de producción e interpretación con un gráfico como el siguiente, en el que O representa el objeto, S representa el signo, I representa el interpretante y las flechas muestran las relaciones de dependencia:
O O
S-----------I S---------I
producción interpretación
La mayor parte de los autores se han interesado casi exclusivamente en el problema de la interpretación de los signos, partiendo de la opinión, ampliamente extendida, de que la producción y la interpretación son procesos absolutamente reversibles. De esto se desprendería que describir la interpretación es describir también, como en un espejo, la producción.
Contra esta afirmación se puede observar que, si el productor es dueño del objeto que elige para comunicar su mensaje (elección de palabras, de grafismos, de gestos, de configuraciones múltiples de unos y de otros), el intérprete está obligado a efectuar un trabajo de reconstrucción de ese objeto (una semiosis inferencial) que no tiene por qué llegar necesariamente a reencontrar el mensaje original. En efecto, las relaciones singulares que productor e intérprete mantienen con las instituciones de la significación son las que regulan su comunicación. Hay, entonces, una disimetría a priori, puesto que el primero pone en marcha algo ya presente en él, mientras que el segundo debe descubrir precisamente lo que el primero actualizó.
Lo que hay que remarcar antes que nada es que toda producción es, en alguna medida, una interpretación a priori. Dicho en otras palabras, la producción es un proceso de incorporación de un pensamiento en una configuración que se ubica bajo la dependencia de una interpretación anticipada, respecto de la que el productor se vuelve un intérprete más. En este sentido participa en este proceso colectivo de interpretación que describimos como una institución social. Por parte del intérprete hay un proceso que va de lo particular a lo universal, de lo individual a lo colectivo, mientras que, de parte del productor, se va de lo universal a lo particular y de lo colectivo a lo individual. Más que de reversibilidad, que no diferencia los dos procesos, debemos hablar de dualidad.
Algo pasa de la mente del productor a la del intérprete. Más formalmente, puede considerarse que en todo fenómeno semiótico hay un traspaso, a través de un signo, de una cierta forma de relaciones que está en la mente de un productor hacia la mente de un intérprete. El signo se transforma en un medio para la comunicación de una figura.
Hay que destacar que en el acto de comunicación, definido como un par (signo producido / signo interpretado), tanto el productor como el intérprete hacen referencia a la misma relación de naturaleza institucional que liga al signo con su objeto. El productor lo utiliza como algo ya institucionalizado que le permite elegir una cosa (el signo) y presentarla como el sustituto de otra cosa ausente (el objeto), con la garantía (en el interior de su comunidad) de que un intérprete eventual que comparta su cultura tendrá la posibilidad de poner en funcionamiento la relación empleada en el otro sentido. La comunicación sólo se logra cuando el objeto del que habla el productor es el mismo que imagina el intérprete.
Es precisamente en este sentido donde la concepción peirceana del signo se muestra más potente que sus rivales binarias. La noción de interpretante nos remite a las normas sociales compartidas que hacen posible la simetría en el proceso de producción y en el de interpretación; mientras que, en las concepciones binarias[2], nada nos remite a una intersubjetividad indispensable para cerrar felizmente el proceso comunicativo.
La mayor parte de los autores se han interesado casi exclusivamente en el problema de la interpretación de los signos, partiendo de la opinión, ampliamente extendida, de que la producción y la interpretación son procesos absolutamente reversibles. De esto se desprendería que describir la interpretación es describir también, como en un espejo, la producción.
Contra esta afirmación se puede observar que, si el productor es dueño del objeto que elige para comunicar su mensaje (elección de palabras, de grafismos, de gestos, de configuraciones múltiples de unos y de otros), el intérprete está obligado a efectuar un trabajo de reconstrucción de ese objeto (una semiosis inferencial) que no tiene por qué llegar necesariamente a reencontrar el mensaje original. En efecto, las relaciones singulares que productor e intérprete mantienen con las instituciones de la significación son las que regulan su comunicación. Hay, entonces, una disimetría a priori, puesto que el primero pone en marcha algo ya presente en él, mientras que el segundo debe descubrir precisamente lo que el primero actualizó.
Lo que hay que remarcar antes que nada es que toda producción es, en alguna medida, una interpretación a priori. Dicho en otras palabras, la producción es un proceso de incorporación de un pensamiento en una configuración que se ubica bajo la dependencia de una interpretación anticipada, respecto de la que el productor se vuelve un intérprete más. En este sentido participa en este proceso colectivo de interpretación que describimos como una institución social. Por parte del intérprete hay un proceso que va de lo particular a lo universal, de lo individual a lo colectivo, mientras que, de parte del productor, se va de lo universal a lo particular y de lo colectivo a lo individual. Más que de reversibilidad, que no diferencia los dos procesos, debemos hablar de dualidad.
Algo pasa de la mente del productor a la del intérprete. Más formalmente, puede considerarse que en todo fenómeno semiótico hay un traspaso, a través de un signo, de una cierta forma de relaciones que está en la mente de un productor hacia la mente de un intérprete. El signo se transforma en un medio para la comunicación de una figura.
Hay que destacar que en el acto de comunicación, definido como un par (signo producido / signo interpretado), tanto el productor como el intérprete hacen referencia a la misma relación de naturaleza institucional que liga al signo con su objeto. El productor lo utiliza como algo ya institucionalizado que le permite elegir una cosa (el signo) y presentarla como el sustituto de otra cosa ausente (el objeto), con la garantía (en el interior de su comunidad) de que un intérprete eventual que comparta su cultura tendrá la posibilidad de poner en funcionamiento la relación empleada en el otro sentido. La comunicación sólo se logra cuando el objeto del que habla el productor es el mismo que imagina el intérprete.
Es precisamente en este sentido donde la concepción peirceana del signo se muestra más potente que sus rivales binarias. La noción de interpretante nos remite a las normas sociales compartidas que hacen posible la simetría en el proceso de producción y en el de interpretación; mientras que, en las concepciones binarias[2], nada nos remite a una intersubjetividad indispensable para cerrar felizmente el proceso comunicativo.
El proceso cognitivo.
Para que exista esta intersubjetividad que permite la comunicación, es necesario postular que existen rasgos comunes en los procesos cognitivos de todos los seres humanos. Tanto si se cree que el proceso de conocimiento es categorial (como dirían Aristóteles o Kant) como si se cree que es puramente perceptivo (como defenderían Locke o Hume), el producto de este conocimiento individual establece un área de consenso con el resto de los miembros de la comunidad.
La filosofía de la mente y demás ciencias cognitivas debaten todavía sobre los procesos neuronales y/o ambientales que permiten la configuración de los esquemas de conocimiento (imágenes mentales o lo que quiera que éstas sean) que compartimos intersubjetivamente[3]. Desde el campo de la semiótica, lo máximo a lo que podemos aspirar es al control del producto mental de este conocimiento.
Nuevamente es en Peirce donde encontramos las ideas más sugestivas sobre la formación de los contenidos. Sus categorías de primeridad, secundidad y terceridad definen las modalidades de conocimiento del mundo que, al propio tiempo, son los procedimientos por los que el mundo se interpreta a sí mismo. La teoría semiótica de Peirce clarifica muchos de los problemas de la percepción y de la forma que las percepciones se organizan en forma de conocimiento. De la misma forma que existen tres categorías de conocimiento, existen tres tipos de signos correspondientes a la naturaleza, al individuo y a la sociedad/cultura. Esta triple triada nos da la siguiente organización de los tipos de signos:
en la que los signos de la naturaleza (cualisigno, sinsigno y legisigno) están en el origen de los signos del individuo (icono, índice y símbolo) que a su vez son socializados como signos compartidos por la comunidad (rema, dicente y argumento). El signo más elemental es el cualisigno (pura posibilidad lógica) que puede interpretarse como signo del ser (como rema) y como similaridad (como icono). En un nivel parejo se halla el sinsigno (existencia real) que se interpreta como existencia efectiva (dicente) y como objeto real (icono). El legisigno representa el signo convencional (el más importante, ley de la naturaleza) que se interpreta como norma (argumento) y como precepto de la naturaleza (símbolo). Esta triple triada puede reorganizarse en el siguiente esquema[4]:
Con ello Peirce puede estarnos sugiriendo que cuando actuamos en el mundo, lo que percibimos no es de hecho el mundo real sino el mundo como un desplazamiento de signos; que el mundo que existe en nuestras mentes es una representación simbólica determinada por nuestra cultura. En este sentido puede tener razón Umberto Eco cuando propone la hipótesis de que existe "una especie de petición incondicional por parte de la semiótica que exigiría que el conjunto de la cultura se estudiara como un fenómeno de comunicación"[5].
El propio Umberto Eco ha propuesto recientemente unos conceptos que nos brindan otra aproximación al fenómeno cognitivo. Partiendo de dos ejemplos en los que un individuo y su comunidad se enfrentan a un fenómeno desconocido hasta la fecha, estudia el proceso de formación de los contenidos o conceptos de dicho fenómeno. En el primer caso se trata del ornitorrinco, de los zoólogos de finales de XVIII y buena parte del XIX y de Kant quien probablemente nunca llegó a saber nada del animal ya que falleció en 1804, mucho tiempo antes de que la comunidad científica se pusiera de acuerdo sobre su clasificación. En el segundo caso se trata de los caballos, de los aztecas y de su rey Moctezuma quienes nunca, hasta la llegada de los tercios españoles, habían visto animales como aquellos[6].
Eco afirma que a la vista del fenómeno nuevo (ornitorrinco o caballos) los individuos elaboran un Tipo Cognitivo (TC). Este TC no tiene nada que ver con un tipo ideal platónico ni con un juicio perceptivo kantiano. Es algo similar a un esquema morfológico, parecido a un modelo tridimensional, pero que puede incluir otras características como el olor, el ruido del relincho u otras propiedades funcionales (ser cabalgable, por ejemplo). Mediante el TC, los individuos son capaces de reconocer otros ejemplares del mismo fenómeno que no han visto anteriormente: tienen un tipo, un parámetro mediante el que pueden cotejar las ocurrencias. Este tipo tampoco tiene nada que ver con una esencia aristotélico escolástica (la caballinidad).
Sin embargo, el TC que se desarrolla en las primeras instancias no es común a todos los hablantes. Como en el caso del ornitorrinco en los primeros años de su estudio, en que diferentes zoólogos pretenden clasificarlo en distintos grupos (mamíferos, anfibios, aves), cada hablante destaca alguna característica por encima de las otras.
Cuando los aztecas empiezan a hablar entre ellos sobre los caballos o los zoólogos a discutir sobre el ornitorrinco, se empiezan a establecer áreas de consenso. Empiezan a aparecer las primeras interpretaciones colectivas que se asemejan bastante a una definición. Estas interpretaciones serían como los interpretantes en sentido peirceano. Eco denomina a este conjunto de interpretantes Contenido Nuclear (CN), señalando que mientras el TC es privado el CN es público. En este sentido el CN es el modo en que intersubjetivamente establecemos los rasgos que componen el TC, de tal forma que el CN puede transmitirse creando TC en individuos que no han tenido percepción alguna del objeto. ¿Acaso no identificaríamos hoy en día un ornitorrinco sin haberlo visto jamás sabiendo que es una especie de topo con pico de pato? ¿No pudo identificar Moctezuma los caballos la primera vez que los vio gracias a las informaciones que le habían suministrado sus emisarios? Como hemos visto, pues, el TC se puede constituir por dos vías: la directamente perceptiva y la informada por un CN. Podríamos llamar a esta segunda vía TC tentativo que podría llegar a ser tan imperfecto que impidiese la identificación. Al distinguir entre los casos empíricos (el ornitorrinco o los caballos) de los casos culturales (la amistad, la enfiteusis o el matrimonio) se pone de manifiesto que en los primeros se va del TC al CN, mientras que para los casos culturales sucede lo contrario. En cualquiera de ambos casos queda claro que tanto los TC como los CN son negociables siempre[7], fruto de la cultura y las circunstancias.
Finalmente, una vez los zoólogos acabaron los estudios sobre el ornitorrinco (en 1884, 86 años después de su descubrimiento) se alcanzaría el Contenido Molar (CM), un tipo de conocimiento complejo que abarca una gran cantidad de características. Sin embargo el CM de caballo sería distinto para un zoólogo que para un jinete profesional, ya que sus áreas de competencias son diferentes[8]. La suma de los distintos CM sería el conocimiento enciclopédico del caballo.
Eco plantea estos conceptos de TC, CN y CM desde lo que el denomina folk psychology, es decir, desde el sentido común, y no desde las ciencias cognitivas que requerirían conceptos más precisos. Pero no por ello debemos despreciarlos, ya que evidencian los fenómenos del reconocimiento y de la referencia feliz sin los que la comunicación sería imposible. La experiencia cotidiana nos demuestra que asociamos de forma constante ciertos nombres a ciertos objetos y esta asociación, compartida por el conjunto social, garantiza la simetría entre codificación y descodificación de los mensajes. La comprensión sólo es posible atribuyendo al interlocutor creencias similares a las nuestras y esta uniformidad de creencias sólo puede garantizarla la cultura[9].
Conclusión.
Con el concepto de Tipo Cognitivo, Eco prosigue la vía sincrética, iniciada en el Tratado de semiótica general de 1975, entre las perspectivas estructuralista (Hjelmslev) y cognitivo interpretativa (Peirce) afirmando que el momento categorial y el momento observacional no son modos inconciliables de conocimiento. Pero, aunque se les considere como modos complementarios de analizar nuestras competencias lingüísticas, sigue flotando en el aire la falta de una teoría omnicomprensiva que dé cuenta del fenómeno de forma completa. No parece suficiente afirmar que ambas perspectivas deben mantener un equilibrio inestable porque en el plano de nuestra experiencia procedemos efectivamente de esta forma. Ello significa simplemente que no disponemos de teoría alguna de análisis de los productos de nuestro proceso cognitivo.
Lo cual no es ningún descrédito: en definitiva Eco renuncia a investigar en la caja negra porque la naturaleza de la inteligencia consciente sigue siendo en gran medida un misterio. Por muchos avances que se hayan realizado en las ciencias empíricas, ello sólo nos ha dado ciertas pistas sobre el funcionamiento de nuestros estados y procesos mentales y el estado actual de la filosofía de la mente no es más que un conjunto de problemas, intuiciones y observaciones interesantes sin sistematizar. Es muy probable que hasta que no obtengamos una respuesta clara sobre la naturaleza de la inteligencia consciente, no podamos comprender plenamente el proceso cognitivo y semántico que subyace en la comunicación humana.
[1] .En la primera página de su artículo "La vida social como un sistema de signos". [VSSS] (VV.AA. "Introducción al estructuralismo". Alianza. Madrid, 1976. Pág. 89), facilitado con los apuntes, cita precisamente a Saussure y a Pierce, aceptando sus definiciones de signo "como punto de partida indiscutible". El propio Eco lo reconoce en una obra reciente (Eco, Umberto. "Kant y el ornitorrinco". [KO] Lumen. Barcelona, 1999. Pág. 290): "Durante mucho tiempo he temido que el enfoque semiótico del Tratado adoleciera de sincretismo. ¿Qué quería decir intentar, como hice, juntar la perspectiva estructuralista de Hjelmslev y la semiótica cognitivo-interpretativa de Peirce?".
[2] .Umberto Eco en VSSS Pág. 96-97 reprocha que "muchos lingüistas han supuesto que el extenso campo de la Forma del Contenido (Hjelmslev) caía fuera de la jurisdicción de la lingüística y lo concebían como materia propia y privativa de la antropología cultural, de la ciencia física, de la filosofía."
[3] .Eco, Umberto en KO Págs. 157-159 se refiere a dichos procesos como la ‘caja negra’ afirmando que no entra a debatir sobre cuestiones como dónde residen los esquemas cognitivos, cómo se configuran mentalmente o si son producto del ambiente o del aparato neuronal.
[4] .Los gráficos aquí reproducidos han sido obtenidos del artículo de Torkild Leo Thellefsen titulado "Firstness and Thirdness Displacement - The epistemology of Peirce’s three sign trichotomies" que puede consultarse en http://www.digitalpeirce.org/torkild/tritor.htm [18-1-2003].
[5] .Eco, Umberto. VSSS. Pág. 95.
[6] .Eco. Umberto. KO. Págs 152 y ss.
[7] .Eco. Umberto. KO. Págs 312 y ss.
[8] .Eco compara estas diferencias en el CM con la división del trabajo lingüístico de Putnam, aunque referido a la cultura.
[9] .Eco. Umberto. KO. Págs 318 y ss. Es muy ilustrativo de ello el ejemplo que propone Eco sobre el lenguaje de los pitufos: "Mañana pitufareis a las urnas para pitufar a quien será vuestro pitufo" es una frase perfectamente comprensible a pesar de la prolija utilización de homónimos.
Para que exista esta intersubjetividad que permite la comunicación, es necesario postular que existen rasgos comunes en los procesos cognitivos de todos los seres humanos. Tanto si se cree que el proceso de conocimiento es categorial (como dirían Aristóteles o Kant) como si se cree que es puramente perceptivo (como defenderían Locke o Hume), el producto de este conocimiento individual establece un área de consenso con el resto de los miembros de la comunidad.
La filosofía de la mente y demás ciencias cognitivas debaten todavía sobre los procesos neuronales y/o ambientales que permiten la configuración de los esquemas de conocimiento (imágenes mentales o lo que quiera que éstas sean) que compartimos intersubjetivamente[3]. Desde el campo de la semiótica, lo máximo a lo que podemos aspirar es al control del producto mental de este conocimiento.
Nuevamente es en Peirce donde encontramos las ideas más sugestivas sobre la formación de los contenidos. Sus categorías de primeridad, secundidad y terceridad definen las modalidades de conocimiento del mundo que, al propio tiempo, son los procedimientos por los que el mundo se interpreta a sí mismo. La teoría semiótica de Peirce clarifica muchos de los problemas de la percepción y de la forma que las percepciones se organizan en forma de conocimiento. De la misma forma que existen tres categorías de conocimiento, existen tres tipos de signos correspondientes a la naturaleza, al individuo y a la sociedad/cultura. Esta triple triada nos da la siguiente organización de los tipos de signos:
en la que los signos de la naturaleza (cualisigno, sinsigno y legisigno) están en el origen de los signos del individuo (icono, índice y símbolo) que a su vez son socializados como signos compartidos por la comunidad (rema, dicente y argumento). El signo más elemental es el cualisigno (pura posibilidad lógica) que puede interpretarse como signo del ser (como rema) y como similaridad (como icono). En un nivel parejo se halla el sinsigno (existencia real) que se interpreta como existencia efectiva (dicente) y como objeto real (icono). El legisigno representa el signo convencional (el más importante, ley de la naturaleza) que se interpreta como norma (argumento) y como precepto de la naturaleza (símbolo). Esta triple triada puede reorganizarse en el siguiente esquema[4]:
Con ello Peirce puede estarnos sugiriendo que cuando actuamos en el mundo, lo que percibimos no es de hecho el mundo real sino el mundo como un desplazamiento de signos; que el mundo que existe en nuestras mentes es una representación simbólica determinada por nuestra cultura. En este sentido puede tener razón Umberto Eco cuando propone la hipótesis de que existe "una especie de petición incondicional por parte de la semiótica que exigiría que el conjunto de la cultura se estudiara como un fenómeno de comunicación"[5].
El propio Umberto Eco ha propuesto recientemente unos conceptos que nos brindan otra aproximación al fenómeno cognitivo. Partiendo de dos ejemplos en los que un individuo y su comunidad se enfrentan a un fenómeno desconocido hasta la fecha, estudia el proceso de formación de los contenidos o conceptos de dicho fenómeno. En el primer caso se trata del ornitorrinco, de los zoólogos de finales de XVIII y buena parte del XIX y de Kant quien probablemente nunca llegó a saber nada del animal ya que falleció en 1804, mucho tiempo antes de que la comunidad científica se pusiera de acuerdo sobre su clasificación. En el segundo caso se trata de los caballos, de los aztecas y de su rey Moctezuma quienes nunca, hasta la llegada de los tercios españoles, habían visto animales como aquellos[6].
Eco afirma que a la vista del fenómeno nuevo (ornitorrinco o caballos) los individuos elaboran un Tipo Cognitivo (TC). Este TC no tiene nada que ver con un tipo ideal platónico ni con un juicio perceptivo kantiano. Es algo similar a un esquema morfológico, parecido a un modelo tridimensional, pero que puede incluir otras características como el olor, el ruido del relincho u otras propiedades funcionales (ser cabalgable, por ejemplo). Mediante el TC, los individuos son capaces de reconocer otros ejemplares del mismo fenómeno que no han visto anteriormente: tienen un tipo, un parámetro mediante el que pueden cotejar las ocurrencias. Este tipo tampoco tiene nada que ver con una esencia aristotélico escolástica (la caballinidad).
Sin embargo, el TC que se desarrolla en las primeras instancias no es común a todos los hablantes. Como en el caso del ornitorrinco en los primeros años de su estudio, en que diferentes zoólogos pretenden clasificarlo en distintos grupos (mamíferos, anfibios, aves), cada hablante destaca alguna característica por encima de las otras.
Cuando los aztecas empiezan a hablar entre ellos sobre los caballos o los zoólogos a discutir sobre el ornitorrinco, se empiezan a establecer áreas de consenso. Empiezan a aparecer las primeras interpretaciones colectivas que se asemejan bastante a una definición. Estas interpretaciones serían como los interpretantes en sentido peirceano. Eco denomina a este conjunto de interpretantes Contenido Nuclear (CN), señalando que mientras el TC es privado el CN es público. En este sentido el CN es el modo en que intersubjetivamente establecemos los rasgos que componen el TC, de tal forma que el CN puede transmitirse creando TC en individuos que no han tenido percepción alguna del objeto. ¿Acaso no identificaríamos hoy en día un ornitorrinco sin haberlo visto jamás sabiendo que es una especie de topo con pico de pato? ¿No pudo identificar Moctezuma los caballos la primera vez que los vio gracias a las informaciones que le habían suministrado sus emisarios? Como hemos visto, pues, el TC se puede constituir por dos vías: la directamente perceptiva y la informada por un CN. Podríamos llamar a esta segunda vía TC tentativo que podría llegar a ser tan imperfecto que impidiese la identificación. Al distinguir entre los casos empíricos (el ornitorrinco o los caballos) de los casos culturales (la amistad, la enfiteusis o el matrimonio) se pone de manifiesto que en los primeros se va del TC al CN, mientras que para los casos culturales sucede lo contrario. En cualquiera de ambos casos queda claro que tanto los TC como los CN son negociables siempre[7], fruto de la cultura y las circunstancias.
Finalmente, una vez los zoólogos acabaron los estudios sobre el ornitorrinco (en 1884, 86 años después de su descubrimiento) se alcanzaría el Contenido Molar (CM), un tipo de conocimiento complejo que abarca una gran cantidad de características. Sin embargo el CM de caballo sería distinto para un zoólogo que para un jinete profesional, ya que sus áreas de competencias son diferentes[8]. La suma de los distintos CM sería el conocimiento enciclopédico del caballo.
Eco plantea estos conceptos de TC, CN y CM desde lo que el denomina folk psychology, es decir, desde el sentido común, y no desde las ciencias cognitivas que requerirían conceptos más precisos. Pero no por ello debemos despreciarlos, ya que evidencian los fenómenos del reconocimiento y de la referencia feliz sin los que la comunicación sería imposible. La experiencia cotidiana nos demuestra que asociamos de forma constante ciertos nombres a ciertos objetos y esta asociación, compartida por el conjunto social, garantiza la simetría entre codificación y descodificación de los mensajes. La comprensión sólo es posible atribuyendo al interlocutor creencias similares a las nuestras y esta uniformidad de creencias sólo puede garantizarla la cultura[9].
Conclusión.
Con el concepto de Tipo Cognitivo, Eco prosigue la vía sincrética, iniciada en el Tratado de semiótica general de 1975, entre las perspectivas estructuralista (Hjelmslev) y cognitivo interpretativa (Peirce) afirmando que el momento categorial y el momento observacional no son modos inconciliables de conocimiento. Pero, aunque se les considere como modos complementarios de analizar nuestras competencias lingüísticas, sigue flotando en el aire la falta de una teoría omnicomprensiva que dé cuenta del fenómeno de forma completa. No parece suficiente afirmar que ambas perspectivas deben mantener un equilibrio inestable porque en el plano de nuestra experiencia procedemos efectivamente de esta forma. Ello significa simplemente que no disponemos de teoría alguna de análisis de los productos de nuestro proceso cognitivo.
Lo cual no es ningún descrédito: en definitiva Eco renuncia a investigar en la caja negra porque la naturaleza de la inteligencia consciente sigue siendo en gran medida un misterio. Por muchos avances que se hayan realizado en las ciencias empíricas, ello sólo nos ha dado ciertas pistas sobre el funcionamiento de nuestros estados y procesos mentales y el estado actual de la filosofía de la mente no es más que un conjunto de problemas, intuiciones y observaciones interesantes sin sistematizar. Es muy probable que hasta que no obtengamos una respuesta clara sobre la naturaleza de la inteligencia consciente, no podamos comprender plenamente el proceso cognitivo y semántico que subyace en la comunicación humana.
[1] .En la primera página de su artículo "La vida social como un sistema de signos". [VSSS] (VV.AA. "Introducción al estructuralismo". Alianza. Madrid, 1976. Pág. 89), facilitado con los apuntes, cita precisamente a Saussure y a Pierce, aceptando sus definiciones de signo "como punto de partida indiscutible". El propio Eco lo reconoce en una obra reciente (Eco, Umberto. "Kant y el ornitorrinco". [KO] Lumen. Barcelona, 1999. Pág. 290): "Durante mucho tiempo he temido que el enfoque semiótico del Tratado adoleciera de sincretismo. ¿Qué quería decir intentar, como hice, juntar la perspectiva estructuralista de Hjelmslev y la semiótica cognitivo-interpretativa de Peirce?".
[2] .Umberto Eco en VSSS Pág. 96-97 reprocha que "muchos lingüistas han supuesto que el extenso campo de la Forma del Contenido (Hjelmslev) caía fuera de la jurisdicción de la lingüística y lo concebían como materia propia y privativa de la antropología cultural, de la ciencia física, de la filosofía."
[3] .Eco, Umberto en KO Págs. 157-159 se refiere a dichos procesos como la ‘caja negra’ afirmando que no entra a debatir sobre cuestiones como dónde residen los esquemas cognitivos, cómo se configuran mentalmente o si son producto del ambiente o del aparato neuronal.
[4] .Los gráficos aquí reproducidos han sido obtenidos del artículo de Torkild Leo Thellefsen titulado "Firstness and Thirdness Displacement - The epistemology of Peirce’s three sign trichotomies" que puede consultarse en http://www.digitalpeirce.org/torkild/tritor.htm [18-1-2003].
[5] .Eco, Umberto. VSSS. Pág. 95.
[6] .Eco. Umberto. KO. Págs 152 y ss.
[7] .Eco. Umberto. KO. Págs 312 y ss.
[8] .Eco compara estas diferencias en el CM con la división del trabajo lingüístico de Putnam, aunque referido a la cultura.
[9] .Eco. Umberto. KO. Págs 318 y ss. Es muy ilustrativo de ello el ejemplo que propone Eco sobre el lenguaje de los pitufos: "Mañana pitufareis a las urnas para pitufar a quien será vuestro pitufo" es una frase perfectamente comprensible a pesar de la prolija utilización de homónimos.
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